filicantro
No presentamos opinión alguna (ojo), sino datos puros. Es como si nos convirtiéramos en una computadora que sólo hace eso, dar la información que es requerida. En una reunión el líder puede decir: “ Señores, es necesario que nos pongamos el sombrero blanco respecto a las fallas que se producen en la línea 2” y todos darán información sobre estas fallas, no opiniones, sino datos y hechos. El gran problema que existe es que normalmente pedimos información del tipo sombrero blanco y recibimos una mezcla de datos con opiniones personales que se cuelan como datos y no podemos distinguir el límite entre uno y el otro, lo que le hace perder eficacia. Este es el famoso telefono malogrado que desterraremos con el sombrero blanco. ¡Y qué finos instrumentos de observación son nuestros sentidos! El olfato, por ejemplo, del que ningún filósofo ha hablado con veneración y gratitud, es hoy por hoy el instrumento más sensible de que disponemos, siendo capaz de captar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni aun el espectroscopio registra. Poseemos hoy ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos; en que hemos aprendido a aguzarlos aún más, armarlos, llevarlos a sus últimas consecuencias. Todo lo demás es chapucería y seudociencia, quiere decir, metafísica, teología, sicología, teoría del conocimiento, o bien ciencia formal, ciencia de los signos, como la lógica y las matemáticas, esa lógica aplicada. Ellas no tratan de la realidad, ni siquiera como problema; tampoco de la cuestión del valor, de tal convencionalismo de signos, como es la lógica. La otra condición de los filósofos no es menos peligrosa; consiste en confundir lo último con lo primero. Sitúan lo que se presenta al final, ¡desgraciadamente, pues no debiera presentarse!, los “conceptos más elevados”, esto es, los más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora, en el comienzo, como comienzo. Se expresa una vez más su manera de venerar: según ellos, lo elevado no debe desprenderse de lo bajo, no debe desarrollarse, en fin... Moraleja: todo cuanto es de primer orden ha de ser causa sui. El origen extrínseco se considera una objeción, algo que pone en tela de juicio el valor. Todos los más altos valores son de primer orden; todos los conceptos más elevados, el Ser, el absoluto, el bien, lo verdadero, lo perfecto; todo esto no puede ser algo posible y, por ende, debe ser causa sui. Mas todo esto tampoco puede ser desigual entre sí, estar en contradicción consigo mismo... Así llegan a su estupendo concepto “Dios”... Lo último, lo más abstracto y huero es establecido como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum,... ¡Por qué la humanidad habrá tomado tan en serio las afecciones cerebrales de sutiles enfermos! ¡Bien caro lo pagó! ... El hecho de que todo el mundo reconozca semejante progreso basta, en realidad, para ponerlo en tela de juicio... Los hombres modernos, muy delicados, muy vulnerables, perdidas mil contemplaciones, creemos, en efecto, que esta tierna humanidad que representamos, este acuerdo logrado en la consideración, la solicitud y la mutua confianza es un progreso positivo; que con esto somos muy superiores a los hombres del Renacimiento. Así piensa, porque no puede menos de pensar, toda época. Lo cierto es que debía estarnos vedado situarnos, siquiera mentalmente, en estados de cosas renacentistas; nuestros nervios, y no digamos nuestros músculos, no soportarían semejante realidad. Mas esta incapacidad no prueba un progreso, sino tan sólo un natural diferente, más tardío; uno más débil, más tierno, más vulnerable, del que necesariamente deriva una moral pródiga en contemplaciones. Si descontamos mentalmente nuestra condición delicada y tardía, nuestro envejecimiento fisiológico, nuestra moral de la “humanización” pierde al instante su valor, ninguna moral tiene valor por sí; hasta se nos aparecerá despreciable. No dudamos, por otra parte, de que los modernos, con nuestra humanidad acolchada, ansiosa de no golpearse contra ninguna piedra, seríamos para los contemporáneos de Cesare Borgia un espectáculo en extremo ridículo. En efecto, sin quererlo, somos pintorescamente graciosos con nuestras “virtudes” modernas... La merma de los instintos hostiles y susceptibles de despertar recelo, y tal es, en definitiva, nuestro “progreso”, no es sino una de las consecuencias de la merma general de la vitalidad; salvaguardar una existencia tan condicionada, tan tardía, requiere cien veces más esfuerzo y cautela que antes. Entonces, los hombres se ayudan unos a otros; entonces, cada cual es hasta cierto punto enfermo y cada cual es enfermero. Entonces, a esto se llama “virtud”, entre hombres que conocían una vida distinta, más plena, más pletórica y portentosa, se le habría llamado de otro modo: “cobardía” acaso, “vileza”, “moral de viejas”... Nuestra suavización de las costumbres, tal es mi tesis, y si se quiere, mi innovación, es una consecuencia de la decadencia; la dureza y violencia de las costumbres, en cambio, bien puede ser la consecuencia de un excedente de vitalidad: pues en tal caso mucho puede ser arriesgado, mucho desafiado, mucho también derrochado. Lo que en un tiempo fue condimento de la vida, para nosotros sería veneno... Somos también demasiado viejos, demasiado tardíos, como para ser indiferentes, lo cual es asimismo una forma de la fuerza. Nuestra moral de la simpatía, contra la cual siempre he prevenido, aquello que pudiera llamarse l'impressionisme morale, es una expresión más de la irritabilidad fisiológica propia de todo lo decadente. Ese movimiento que con la moral schopenhaueriana de la compasión ha hecho una tentativa de presentarse envuelto en ropaje científico, ¡tentativa muy desafortunada, por cierto!, es el movimiento de la decadencia propiamente dicho en la moral, y como tal íntimamente afín a la moral cristiana. Las épocas fuertes, las culturas aristocráticas, desprecian la compasión, el “amor al prójimo”, la falta de propio ser y de conciencia del propio ser. A las épocas hay que juzgarlas por sus fuerzas positivas, y entonces aquella época derrochadora y pródiga en fatalidad del Renacimiento aparece como la última época grande, y la de nosotros, los modernos, con nuestro enervado cuidado de nuestra propia persona y amor al prójimo, con nuestras virtudes de la laboriosidad, la sencillez, la ecuanimidad y el rigor científico, recopiladores, económicos, maquinales, como una época débil... Nuestras virtudes están condicionadas, provocadas por nuestra debilidad... La “igualdad”, cierta igualación efectiva que en la teoría de la “igualdad de derechos” no hace más que formularse, es un rasgo esencial de la decadencia; en cambio, la diferencia entre los individuos y las clases, la multiplicidad de los tipos, la voluntad de individualidad y diferenciación, aquello que yo llamo el pathos de la distancia jerárquica, es propio de todas las épocas fuertes. La tensión y envergadura entre los extremos disminuyen ahora sin cesar; los extremos mismos terminan por desdibujarse hasta el punto de confundirse... Todas nuestras teorías políticas y Constituciones, el “Reich alemán” inclusive, son conclusiones, consecuencias lógicas de la decadencia; la gravitación inconveniente de la décadence ha llegado a prevalecer hasta en los ideales de las distintas ciencias. Mi objeción contra toda la sociología inglesa y francesa es que conoce por experiencia únicamente las formas de una sociedad decadente y con todo candor toma los propios instintos de la decadencia como norma del juicio de valor sociológico. La vida descendente, la merma de toda fuerza organizadora, esto es, separadora, diferenciadora, jerarquizante, se formula en la sociología de ahora como ideal... Nuestros socialistas son un montón de décadents; pero también el señor Herbert Spencer es un décadent: ¡juzga deseable, por ejemplo, el triunfo del altruismo Desgraciadamente mi hermana se ha convertido en una amiga mortal de L[ou]; su indignación moral ha durado todo el tiempo. Ahora pretende saber lo que significa mi filosofía. Ha escrito a mi madre que había visto mi filosofía entrar en la vida de Tautemburg y que está asustada, yo amo el mal, pero ella ama el bien. Si fuera católica entraría en un convento “para expiar el daño que se producirá”. Resumiendo, tengo a “la virtud” de Naumburg en contra: se ha producido una verdadera ruptura entre nosotros; y mi madre fué tan lejos al pronunciar cierta palabra que hice mi maleta y a la mañana siguiente, temprano, marché a Leipzig. Mi hermana (que no quería venir a Naumburg en tanto yo estuviera allí y que aún está en Tautenburg) hizo un comentario irónico sobre las cosas: “así empezó la caída de Zaratustra”. De hecho es el inicio del comienzo. Esta carta es para ti y para tu querida esposa, no me tomen por un misántropo. De todo corazón. En lo que concierne al amigo R[ée], me paso lo mismo siempre [desde Génova], no puedo asistir al lento hundimiento de una naturaleza extraordinaria sin ponerme furioso ¡Esta falta de objetivos! ¡Y por ello mismo este poco deseo por los medios, por el trabajo, esta carencia de aplicación e incluso de exactitud cient[ífica] ¡Ese incesante despilfarro! ¡Si al menos fuera un derroche por el placer de derrochar! Pero tiene todo el aspecto de la mala conciencia. Veo por todas partes los defectos de la educación, un hombre debe ser educado para ser soldado, en cualquier sentido. Y la mujer debe ser educada para ser la mujer del soldado, en cualquier sentido. No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Que les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente. Por esto he llegado a la comprensible razón de mi situación, después de haber tomado por desesperación una increíble dosis de opio: en vez de haber perdido la razón parece que finalmente me viene. Por lo demás he estado enfermo durante semanas: y si les digo que durante 20 días el tiempo aquí ha sido como en Orta, mi estado les parecerá más comprensible. Pido a Lou que me perdone todo -prometo- sólo intentar hacer lo mismo: quizá tenga la ocasión de perdonarle también algo a ella. Considere Usted que yo provengo de circulos donde toda mi evolución se considera recriminable y se la recrimina; fue sólo una consecuencia de que mi madre, el año pasado, me llamara “afrenta para la familia” y “una vergüenza para la tumba de mi padre”. Mi hermana... me ha declarado su franca enemistad hasta que emprenda el camino de vuelta y me esfuerce “en llegar a ser una persona buena y auténtica”. Ambas me consideran un “egoista, frío y duro de corazón”; también Lou antes de conocerme más cerca tenía de mí la opinión de que era un carácter vulgar del todo y bajo, “siempre dispusto a aprovecharme de los otros para mis fines”; Cosima ha hablado de mí como de un espía que se introduce en la intimidad de otros y que, cuando la tiene, hace de ella lo que quiere; Wagner es rico en malas ocurrencias; pero ¿qué dice Usted del hecho de que intercambiara cartas (incluso con mis medicos) para manifestar su convicción de que mi cambio de modo de pensar se debía a vicios perversos, suguiriendo la pederastia? Finalmente: sólo ahora, tras la publicación del Zaratustra, llegará lo peor, dado que con mi “libro santo” he desafiado a todas las religiones. Me acabo de mirar al espejo; nunca había visto semejante aspecto. Un buen humor ejemplar, bien alimentado y diez años más joven de lo permitido.. En mi trattoria consigo sin duda los mejores bocados que hay: siempre se me indica lo que en ese momento está especialmente logrado... Aquí el sol sale un día tras otro con la misma implacable plenitud y claridad; la espléndida esbeltez del árbol en candente amarillo, el cielo y el gran río de un tierno azul, el aire de la mayor pureza: un Claude Lorrain como había soñado verlo... En todos los aspectos encuentro esto digno de vivirse... Mi habitación, emplazamiento de primera en el centro, sol desde tempranas horas hasta la tarde, vistas al pallazzo Carignano, a la piazza Carlo Alberto y, más allá a las verdes montañas: 25 francos al mes con servicio, incluida la limpieza de botas. En la trattoria pago por cada comida 1 franco con 15 y añado, cosa que sin duda se toma como excepción otros 10 céntimos. A cambio obtengo una porción muy grande de minestra, bien sea seca, o bien en bouillon... Entonces escribí a las cortes europeas, en una arrogancia heroico-aristofánica, una proclama para aniquilar a la casa Hohenzollern, esta raza de criminales e idiotas escarlata desde hace más de cien años; para ello dispuse del trono de Francia, incluida Alsacia, declarando emperador a Víctor Buonaparte, el hermano de nuestra Laetitia, y nombrando embajador de mi corte a mi distinguido Ms. Bourdeau A la princesa Ariadna, mi amada. Es un prejuicio que yo sea un ser humano. Pero ya he vivido entre los hombre y conozco todo lo que los hombre pueden experimentar, desde lo más mínimo hasta lo más alto. Yo he sido entre los indios Buda, en Grecia Dionisos, Alejandro y Cesar son mis encarnaciones, igual que el poeta de Shakespeare, Lord Bacon. Por último fui además Voltaire y Napoleón, quizás también Richard Wagner... Pero esta vez vengo como el triunfante Dionisos, que hará de la Tierra un día festivo... No es que tenga mucho tiempo... Los cielos se alegran de que yo este aquí... También he estado colgado en la cruz...”</h4><br />
<h3>Estar a partir un piñón con alguien. </h3><br />
<h4>Todos estos factores surgen de la forma de la producción y de la mutación de forma implícita en ella y que necesariamente tiene que sufrir el producto en el proceso de circulación. Saunas eróticas en Madrid También podría dividir las 1,000 libras de hilo =50 libras esterlinas = el capital variable, y venderlas así: 744 libras de hilado 37,200 libras esterlinas, capital constante correspondiente a 1,000 libras de hilo; 100 libras de hilado en 5,000 libras esterlinas, capital variable de ídem; o sean 844 libras de hilado en 42,200 libras esterlinas, para reponer el capital constante contenido en 1,000 libras de hilado; y, finalmente, 156 libras de hilado al precio de 7,800 libras esterlinas, que representan el producto excedente encerrado en ellas y, en concepto de tal, pueden gastarse. Escorts Mallorca presupone no sólo que el individuo que la efectúa dispone de valores bajo una forma útil cualquiera, sino, además, que dispone de ellos en forma de dinero, que es un poseedor de dinero. Pero la operación consiste precisamente en desprenderse del dinero, y quien la realiza sólo puede seguir siendo poseedor de dinero siempre y cuando que éste vuelva a refluir a sus manos implicite por el propio acto con que se desprende de él. Y, como el dinero sólo puede refluir a sus manos mediante la venta de mercancías, aquella operación supone en él la cualidad de productor de mercancías. http://www.girlsbcn.com.es Por eso las interrupciones y las perturbaciones que se dan en el proceso social de producción a consecuencia por ejemplo de la crisis, repercuten de muy distinto modo sobre los productos del trabajo de carácter discreto y sobre aquellos que exigen para su producción un período más largo y coherente. Si hoy se produce una determinada masa de hilados, de carbón, etc., esta producción no va seguida en este caso, mañana, por otra nueva producción de carbón, de hilados, etc. Otra cosa sucede cuando se trata de la construcción de barcos, edificios, ferrocarriles, etc. Aquí, no se interrumpe solamente los medios de producción y el trabajo empleados ya en ella. Si la obra no se continúa, resultará que se han invertido inútilmente lo medios de producción y el trabajo empleados ya en ella. Y aun cuando se reanude al cabo de algún tiempo, siempre se producirá entre tanto un cierto deterioro. Escorts independientes de Barcelona <br />
Midiendo siempre las cosas con el metro de la prehistoria (prehistoria que, por lo demás, existe o puede existir de nuevo en todo tiempo): también la comunidad mantiene con sus miembros esa importante relación fundamental, la relación del acreedor con su deudor. Uno vive en una comunidad, disfruta las ventajas de ésta (¡oh, qué ventajas!, hoy nosotros las infravaloramos a veces), vive protegido, bien tratado, en paz y confianza, tranquilo respecto a ciertos perjuicios y ciertas hostilidades a que está expuesto el hombre de fuera, el «proscrito» ––un alemán entiende lo que quiere significar originariamente la «miseria» (Elend, élend)––, pero uno también se ha empeñado y obligado con la comunidad en lo que respecta precisamente a esos perjuicios y hostilidades. ¿Qué ocurrirá en otro caso? La comunidad, el acreedor engañado, se hará pagar lo mejor que pueda, con esto puede contarse. Lo que menos importa aquí es el daño inmediato que el damnificador ha causado: prescindiendo por el momento del daño, el delincuente es ante todo un «infractor», alguien que ha quebrantado, frente a la totalidad, el contrato y la palabra con respecto a todos los bienes y comodidades de la vida en común, de los que hasta ahora había participado. El delincuente es un deudor que no sólo no devuelve las ventajas y anticipos que se le dieron, sino que incluso atenta contra su acreedor: por ello a partir de ahora no solo pierde, como es justo, todos aquellos bienes y ventajas, –– ahora, antes bien, se le recuerda la importancia que tales bienes poseen. La cólera del acreedor perjudicado, de la comunidad, le devuelve al estado salvaje y sin ley, del que hasta ahora estaba protegido: lo expulsa fuera de sí, –– y ahora puede descargar sobre él toda suerte de hostilidad. La «pena» es, en este nivel de las costumbres, sencillamente la copia, el mimus [reproducción] del comportamiento normal frente al enemigo odiado, desarmado, sojuzgado, el cual ha perdido no sólo todo derecho y protección, sino también toda gracia: es decir, el derecho de guerra y la fiesta de victoria del vae victis [¡ay de los vencidos!] en toda su inmisericordia y en toda su crueldad: –– así se explica que la misma guerra (incluido el culto de los sacrificios guerreros) haya producido todas las formas en que la pena se presenta en la historia. girlsmadrid.com M' = M + m (= 422 libras esterlinas + 78 libras esterlinas). M es igual al valor de P, o sea del capital productivo, y éste igual al valor de D, desembolsado en D–M , es decir, para comprar los elementos de producción; en nuestro ejemplo, = 422 libras esterlinas. Si la masa de mercancías se vende por su valor, tendremos que M = 422 libras esterlinas y m = 78 libras esterlinas, valor del producto excedente, o sea de 1,560 libras de hilo. Llamando d a m expresado en dinero, resultará que M'–D' = (M + m) – (D + d), por donde el ciclo D–M... P... M'–D', en su forma explícita, corresponderá a la fórmula valencia prostitutas He leído la biografía de Thomas Carlyle, esta farsa inconsciente e involuntaria, esta interpretación heroico-moral de estados dispépsicos. Carlyle, un hombre de palabras y actitudes enfáticas, un reto forzoso acuciado en todo momento por el anhelo de una fe ardiente y el sentimiento de no estar capacitado para ella (¡en esto, un romático típico!). El anhelo de una fe ardiente no es la prueba de una fe ardiente, sino todo lo contrario. Quien la tiene, puede permitirse el hermoso lujo del escepticismo; es lo suficientemente seguro, sólido y firme para ello. Carlyle aturde algo en sí por el fortissimo de su veneración por los hombres de la fe ardiente y por su rabia con los que no son tan ingenuos; precisa el barullo. Una constante y apasionada falta de probidad consigo mismo, he aquí su propium, aquello por lo cual es y seguirá siendo interesante. En Inglaterra, por cierto, lo admiran precisamente por su probidad... Y como esto es inglés y los ingleses son el pueblo del cant cien por cien, resulta no sólo natural, sino explicable. En el fondo, Carlyle es un ateo inglés que se precia de no serlo. Acompañante de alto standing en Barcelona Finalmente, esto ocurre también con la parte del producto de metales preciosos igual al valor del capital constante periódicamente consumido, tanto del capital constante circulante como del capital constante fijo absorbido durante el año. Prostitutas de lujo en Burgos En segundo lugar, al repetirse el acto D... D', el retorno a la forma–dinero tiende a desaparecer, lo mismo que la forma–dinero en la primera fase. D–M desaparece para ceder el puesto a P. Los nuevos y constantes desembolsos en dinero, al igual que el constante retorno de éste como dinero, aparecen como factores que tienden a desaparecer dentro del ciclo. prostituta En el capitulo que acabamos de citar, A. Smith dice expresamente: “El total producto anual de la tierra y del trabajo de un país se ...divide naturalmente en dos partes. Una de ellas, y por regla general la mayor, se destina a reponer el capital, o a renovar las provisiones, materiales y la obra acabada ... la otra pasa a constituir un cierto ingreso del propietario del capital, como beneficio correspondiente a él, o de otra persona, en forma de renta de la tierra" (p. 301). Solamente una parte del capital, como nos dijo más arriba A. Smith, crea renta para todos al mismo tiempo, a saber: la que se invierte en comprar trabajo productivo. Esta –el capital, variable– realiza primeramente en manos del patrono y para él “la función de capital” y luego "crea una renta” para el mismo obrero productivo. El capitalista convierte una parte de su capital en fuerza de trabajo y, con ello mismo, en capital variable; esta transformación es precisamente la que permite que todo su capital y no sólo una parte de él funcione como capital industrial. El obrero –el vendedor de la fuerza de trabajo– obtiene, en forma de salario, el valor de la misma. En sus manos, la fuerza de trabajo no es más que una mercancía puesta en venta, la mercancía de cuya venta vive y que constituye, por tanto, su única fuente de ingresos; sólo en manos de su comprador, del capitalista, puede la fuerza de trabajo funcionar como capital variable, y el capitalista sólo adelanta aparentemente el precio pagado por dicha mercancía, pues en realidad el obrero le ha suministrado previamente su valor. putas lujo Madrid<br />
El desgaste (prescindiendo del desgaste apreciativo) es la parte de valor que el capital fijo va transfiriendo gradualmente al producto mediante su funcionamiento y que aumenta, por término medio, en la misma medida en que aquél pierde su valor de uso. francés completo Debilítase ya, por lo demás, la prueba físico-teológica con la observación empírica de que las obras del instinto animal, la tela de la araña, el panal de las abejas, la vivienda de los térmites, etc., se nos presentan cual si fuesen hijas de un concepto final, de una amplia previsión y deliberación racional, cuando en realidad son obra de un ciego instinto, esto es, de una voluntad no guiada por inteligencia, de donde se sigue que no es seguro lo que de semejante disposición se deduce, basándolo en tal modo de ser las cosas. En el cap. 27 del segundo tomo de mi obra capital, se hallará una prolija consideración acerca del instinto. Ese capítulo, con el que le precede acerca de la teleología, pueden utilizarse cual complemento de todo lo tratado aquí. relax Barcelona</h4><br />
<h3>O jodemos todos o matamos la puta. </h3><br />
<h4>Como vemos, en la medida en que la necesidad de capital–dinero nace de la duración del período de trabajo, esta necesidad se halla determinada por dos circunstancias. Primera, que el dinero sea la forma que deba revestir todo capital individual (prescindiendo del crédito) para convertirse en capital productivo, como así lo exige la esencia misma de la producción capitalista y de la producción de mercancías, en general. Segunda, la cuantía del desembolso de dinero necesario nace del hecho de que durante largo tiempo se sustraen constantemente a la sociedad fuerza de trabajo y medios de producción sin restituirle durante este tiempo un producto reversible a dinero. La primera circunstancia, la de que el capital que ha de desembolsarse tiene que desembolsarse necesariamente en dinero, se mantiene en pie cualquiera que sea la forma de éste, ya se trate de dinero metálico, de dinero certifico, de signos de valor, etc. A la segunda circunstancia le es indiferente de todo punto el medio monetario o la forma en que se sustraigan a la producción trabajo, medios de producción y medios de vida sin restituir a la circulación un equivalente. compañia intima Aquí, no nos interesa saber cómo se produce esta separación. La separación existe desde el momento en que se efectúa la operación D – T. Lo que nos interesa es el hecho de que si la fórmula D – T aparece como una función del capital–dinero o el dinero se presenta aquí como una modalidad del capital, no es, ni mucho menos, porque el dinero actúe, en este caso, como medio de pago de una actividad humana encaminada a un efecto útil, de un servicio; es decir, no por la función propia del dinero como medio de pago. Si el dinero puede invertirse en esta forma es, sencillamente, porque la fuerza de trabajo se halla separada de sus medios de producción (incluyendo los medios de vida, como medios de producción de la propia fuerza de trabajo) y porque este divorcio sólo puede remediarse de un modo: vendiendo la fuerza de trabajo al poseedor de los medios de producción. Lo cual quiere decir que los frutos de la fuerza de trabajo, cuyos límites no coinciden, ni mucho menos, con los límites de la cantidad de trabajo necesaria para la reproducción de su propio precio, le pertenecen al comprador. La relación de capital surge durante el proceso de producción, pura y simplemente, porque existe ya en el mismo acto de circulación, en las distintas condiciones económicas fundamentales en que se enfrentan el comprador y el vendedor, en sus relaciones de clase. No es el dinero el que engendra, por su naturaleza, esta relación; es, por el contrario, la existencia de esta relación la que convierte la simple función del dinero en función de capital. erosbcn.com "Se tiene poco en cuenta, y la mayoría de la gente ni siquiera lo sospecha, cuán extraordinariamente pequeña, lo mismo en cuanto a la masa que en cuanto a la fuerza de acción, es la proporción existente entre las acumulaciones efectivas de la sociedad y las fuerzas humanas productivas, e incluso entre aquéllas y el consumo ordinario de una sola generación de hombres en el espacio de pocos años. La razón de esto salta a la vista, pero el efecto es bastante perjudicial. La riqueza que se consume anualmente desaparece al usarse; sólo permanece de manifiesto durante un instante y produce impresión solamente mientras se la disfruta o se la consume. En cambio, la parte de la riqueza que se va consumiendo lentamente, los muebles, las máquinas, los edificios, permanecen ante nuestra vista desde la infancia hasta la vejez, como monumentos perdurables del esfuerzo humano. La posesión de esta parte fija, permanente de la riqueza pública, que se va consumiendo poco a poco –de la tierra y de las materias primas contenidas en ella, de las herramientas con que se trabaja, de los edificios que albergan al hombre durante su trabajo–, permite a los propietarios de estos objetos dominar en provecho propio las fuerzas anuales de producción de todos los obreros verdaderamente productivos de la sociedad, por insignificantes que aquellos objetos puedan ser, comparados con los productos constantemente reiterados de este trabajo. La población de la Gran Bretaña e Irlanda es de 20 millones; el consumo medio de cada individuo, hombres, mujeres y niños, oscila probablemente alrededor de 20 libras esterlinas, lo que hace en conjunto una riqueza de unos 400 millones de libras esterlinas, que es el producto del trabajo consumido anualmente. El importe total del capital acumulado de estos países no excede, según el censo, de 1,200 millones, o sea, el triple del producto anual del trabajo. Si se dividiese por partes iguales, los habitantes tocarían a 120 libras esterlinas por cabeza. Aquí, nos interesa más la proporción que los resultados absolutos más o menos exactos de este cálculo. Los intereses de este capital en su conjunto bastarían para mantener a la población total, en su nivel actual de vida, durante dos meses del año aproximadamente y el capital global acumulado (si se encontrasen compradores para él) la sustentaría sin trabajar durante tres años enteros. Al final de los cuales, encontrándose sin casas, sin vestido y sin alimento, los habitantes de estos países tendrían que echarse a morir de hambre o convertirse en esclavos de quienes los estuvieran sustentando durante todo este tiempo. La proporción que existe entre tres años y el tiempo normal de la vida de una generación sana, digamos 40 años, es la que guardan la magnitud y la importancia de la riqueza real, el capital acumulado aun del país más rico, con su fuerza productiva, con las fuerzas productivas de una sola generación de hombres; no con lo que podrían producir bajo normas racionales de seguridad igual y sobre todo en un régimen de trabajo cooperativo, sino con lo que realmente y en términos absolutos producen bajo las normas evasivas, defectuosas y decepcionantes, de la inseguridad ... Y para conservar y perpetuar en su estado actual esta masa aparentemente gigantesca del capital existente o mejor dicho, el mando y el monopolio que permite ejercer sobre los productos del trabajo anual, se pretende eternizar toda esa maquinaria espantosa, el vicio, el crimen y los sufrimientos de la inseguridad. Nada puede acumularse sin satisfacer ante todo las verdaderas necesidades y el gran torrente de las inclinaciones humanas fluye hacia el goce; de aquí el volumen relativamente insignificante de la riqueza real de la sociedad en cada momento dado. Es un ciclo eterno de producción y consumo. En esta masa inmensa de producción y consumo anuales puede desaparecer, sin apenas notarse, la acumulación real; y sin embargo, la atención. recae, no sobre aquella masa de fuerza productiva, sino sobre esta mínima acumulación. Pero ella se halla acaparada por unos cuantos y se ha convertido en el instrumento de apropiación de los productos anuales constantemente reiterados del trabajo de la gran masa. De aquí la importancia decisiva que el tal instrumento tiene para estos pocos... Una tercera parte aproximadamente del producto anual de la nación te es arrebatada hoy a los productores, bajo el nombre de cargas públicas, para ser consumido improductivamente por quienes no entregan a cambio de ello equivalente alguno, es decir, ningún equivalente que tenga carácter de tal para los productores ... La vista de la multitud se fija, asombrada, en las masas acumuladas, sobre todo cuando aparecen concentradas en manos de unos cuantos. Pero las masas producidas anualmente ruedan y pasan como las olas eternas e innumerables de una corriente poderosa y se pierden en el océano olvidado del consumo. Y. sin embargo, este consumo eterno condiciona, no sólo todo los goces, sino la misma existencia de todo el género humano. Sobre la cantidad y la distribución de este producto anual debieran recaer sobre todo nuestras reflexiones. La verdadera acumulación tiene una importancia absolutamente secundaria, que además se debe casi exclusivamente a la influencia que ejerce en la distribución del producto anual...Aquí (en la obra de Thompson), "la verdadera acumulación y distribución se consideran siempre con referencia a la fuerza productiva y en función de ella. Los demás sistemas proceden casi todos a la inversa: consideran la fuerza productiva con referencia a la acumulación y en función de ella y con vistas a la perpetuación del sistema de distribución existente. Comparados con la conservación de este sistema de distribución imperante, no se reputan dignos ni siquiera de una mirada la miseria o el bienestar continuamente reiterados de todo el género humano. Se da el nombre de seguridad a la perpetuación de lo que es obra de la violencia, del fraude y del azar, y para conservar esta mentida seguridad se sacrifican implacablemente todas las fuerzas productivas del género humano” (obra cit., pp. 440–443). Prostitutas de lujo en Barcelona Supongamos que, gracias a un misterioso privilegio, al vendedor le sea dado vender la mercancía por encima de su valor, a 110 por ejemplo, a pesar de que sólo vale 100, es decir, con un recargo nominal del 10 por ciento. El vendedor se embolsará, por tanto, una plusvalía de 10. Pero, después de ser vendedor, se convierte en comprador. Ahora, se enfrenta con un tercer poseedor de mercancías que hace funciones de vendedor y que goza, a su vez, del privilegio de vender su mercancía un 10 por ciento más cara. Nuestro hombre habrá ganado 10 como vendedor, para volver a perder 10 como comprador.25 Visto en su totalidad, el asunto se reduce, en efecto, a que todos los poseedores de mercancías se las vendan unos a otros con un 10 por ciento de recargo sobre su valor, que es exactamente lo mismo que si las vendiesen por lo que valen. Este recargo nominal de precios impuesto a las mercancías con carácter general produce los mismos efectos que si, por ejemplo, los valores de las mercancías se tasasen en plata en vez de tasarse en oro. Las expresiones en dinero, es decir, los precios de las mercancías, crecerían, pero sus proporciones de valor permanecerían invariables. acompañante madrid Si contemplamos la cosa más de cerca, vemos que todo poseedor de mercancías considera las mercancías de los demás como equivalentes especiales de la suya propia viendo, por tanto, en ésta el equivalente general de todas las demás. Pero, como todos los poseedores de mercancías hacen lo mismo, no hay ninguna que sea equivalente general, ni pueden, por tanto, las mercancías poseer una forma relativa general de valor que las equipare como valores y permita compararlas entre sí como magnitudes de valor. Las mercancías no se enfrentan, por consiguiente, como tales mercancías, sino simplemente como productos o valores de uso. http://www.girlsbcn.org Para acumular, es forzoso convertir en capital una parte del trabajo excedente. Pero, sin hacer milagros, sólo se pueden convertir en capital los objetos susceptibles de ser empleados en el proceso de trabajo; es decir, los medios de producción, y aquellos otros con que pueden mantenerse los obreros, o sean, los medios de vida. Por consiguiente, una parte del trabajo excedente anual deberá invertirse en crear los medios de producción y de vida adicionales, rebasando la cantidad necesaria para reponer el capital desembolsado. En una palabra, la plusvalía sólo es susceptible de transformarse en capital, porque el producto excedente cuyo valor representa aquélla, encierra ya los elementos materiales de un nuevo capital.2 girlsbcn Las mercancías vienen al mundo bajo la forma de valores de uso u objetos materiales: hierro, tela, trigo, etc. Es su forma prosaica y natural. Sin embargo, si son mercancías es por encerrar una doble significación: la de objetos útiles y, a la par, la de materializaciones de valor. Por tanto, sólo se presentan como mercancías, sólo revisten el carácter de mercancías, cuando poseen esta doble forma: su forma natural y la forma del valor.</h4><br />
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<h4>La forma simple del valor de una mercancía va implícita en su relación de valor con una mercancía distinta o en la relación de cambio con ésta. El valor de la mercancía A se expresa cualitativamente en la posibilidad de cambiar directamente la mercancía B por la mercancía A. Cuantitativamente, se expresa mediante la posibilidad de cambiar una cantidad determinada de la mercancía B por una determinada cantidad de la mercancía A. 0, dicho en otros términos: el valor de una mercancía se expresa independientemente al representársela como “valor de cambio”. Al comienzo de este capítulo decíamos, siguiendo el lenguaje tradicional: la mercancía es valor de uso y valor de cambio. En rigor, esta afirmación es falsa. La mercancía es valor de uso, objeto útil, y “valor”. A partir del momento en que su valor reviste una forma propia de manifestarse, distinta de su forma natural, la mercancía revela este doble aspecto suyo, pero no reviste jamás aquella forma si la contemplamos aisladamente: para ello, hemos de situarla en una relación de valor o cambio con otra mercancía. Sabiendo esto, aquel modo de expresarse no nos moverá a error y, aunque sea falso, puede usarse en gracia a la brevedad. chicas compañía Comparando los distintos casos expuestos en los dos apartados anteriores, vemos que el mismo cambio de magnitud del valor relativo puede provenir de causas opuestas. Así, por ejemplo, la igualdad 20 varas de lienzo = 1 levita da origen: l° a la ecuación 20 varas de lienzo = 2 levitas, bien porque el valor del lienzo se duplique, bien porque el valor de las levitas quede reducido a la mitad, y 2° a la igualdad 20 varas de lienzo =1/2 levita, ya porque el valor del lienzo se reduzca a la mitad, o porque el valor de la levita aumente al doble. barcelona escorts independientes Guillermo Wood, de 9 años, "tenía 7 años y 10 meses cuando comenzó a trabajar". Se le dedicó desde el primer momento a "runmoulds" (es decir, a transportar al secadero las piezas acabadas y devolver al taller las formas vacías). Entra todos los días, menos los domingos, a las 6 de la mañana y, abandona el trabajo a las 9 de la noche aproximadamente. "Trabajo todos los días de la semana hasta las 9. Llevo así, por ejemplo, 7 y 8 semanas." Resultado: ¡15 horas de trabajo diario para un niño de siete años! J. Murray, de doce años, declara: "I run moulds and turn jígger" (darle a la rueda). "Entro hacia las 6, y a veces hacia las 4 de la mañana. Ayer trabajé toda la noche, hasta las 8 de la mañana de hoy. No me metí en la cama desde la noche anterior. Conmigo, trabajaron toda la noche 8 o 9 chicos más. Todos, menos uno, han vuelto a entrar al trabajo hoy por la mañana. A mí me pagan 3 chelines y 6 peniques a la semana. Cuando me quedo trabajando toda la noche, no cobro más. Durante estas últimas semanas, he trabajado dos noches enteras." Fernybough, chico de 10 años: "No dispongo siempre de una hora entera para comer: muchas veces, todos los jueves, viernes y sábados, no me dejan más que media hora "34 servicios internet barcelona En la manufactura y en la industria manual, el obrero se sirve de la herramienta: en la fábrica, sirve a la máquina. Allí, los movimientos del instrumento de trabajo parten de él; aquí, es él quien tiene que seguir sus movimientos. En la manufactura, los obreros son otros tantos miembros de un mecanismo vivo. En la fábrica, existe por encima de ellos un mecanismo muerto, al que se les incorpora como apéndices vivos. "Esa triste rutina de una tortura inacabable de trabajo, en la que se repite continuamente el mismo proceso mecánico, es como el tormento de Sísifo; la carga del trabajo rueda constantemente sobre el obrero agotado, como la roca de la fábula."99 El trabajo mecánico afecta enormemente al sistema nervioso, ahoga el juego variado de los músculos y confisca toda la libre actividad física y espiritual del obrero.100 Hasta las medidas que tienden a facilitar el trabajo se convierten en medios de tortura, pues la máquina no libra al obrero del trabajo, sino que priva a éste de su contenido. Nota común a toda producción capitalista, considerada no sólo como proceso de trabajo, sino también como proceso de explotación de capital, es que, lejos de ser el obrero quien maneja las condiciones de trabajo, son éstas las que le manejan a él; pero esta inversión no cobra realidad técnicamente tangible hasta la era de la maquinaria. Al convertirse en un autómata, el instrumento de trabajo se enfrenta como capital, durante el proceso de trabajo, con el propio obrero; se alza frente a él como trabajo muerto que domina y absorbe la fuerza de trabajo viva. En la gran industria, erigida sobre la base de la maquinaria, se consuma, como ya hemos apuntado, el divorcio entre potencias espirituales del proceso de producción y el trabajo manual, con la transformación de aquéllas en resortes del capital sobre el trabajo. La pericia detallista del obrero mecánico individual, sin alma, desaparece como un detalle diminuto y secundario ante la ciencia, ante las gigantescas fuerzas naturales y el trabajo social de masa que tienen su expresión en el sistema de la maquinaria y forman con él el poder del "patrono" (master). Este patrono, en cuyo cerebro son conceptos inseparables la maquinaria y su monopolio sobre ella, puede permitirse el lujo de gritar despreciativamente a sus "hombres", en casos de conflicto: "Los obreros de las fábricas debieran recordar saludablemente que su trabajo es, en realidad, una clase muy inferior de trabajo calificado; que no hay, dada su calidad, ninguno más fácil de aprender ni mejor retribuido, que ningún otro puede ser suministrado en tan corto tiempo y en tal abundancia, mediante un rápido aprendizaje de los menos expertos. En realidad, la maquinaria del patrono desempeña en la producción un papel mucho más importante que el trabajo y la pericia del obrero, que cualquier jornalero del campo puede asimilar con un aprendizaje de 6 meses."101 presupuestos artes graficas El poseedor de mercancías sólo se aviene a desprenderse de las suyas a cambio de otras cuyo valor de uso satisfaga sus necesidades. En este sentido, el cambio no es, para él, más que un proceso individual. Mas, por otra parte, aspira a realizar su mercancía como valor, es decir, en cualquier otra mercancía de valor idéntico que apetezca, siéndole indiferente que la suya propia tenga o no un valor de uso para el poseedor de ésta. En este aspecto, el cambio es, para él, un proceso social general. Lo que no cabe es que el mismo proceso sea para todos los poseedores de mercancías un proceso simplemente individual y a la par únicamente general, social. discotecas en barcelona De todos modos, este Comité parlamentario tuvo la virtud de concentrar la atención del público en el "pan de cada día", y por tanto en la industria panadera. Al mismo tiempo, se alzaba al parlamento, en mítines y mensajes, el clamor de los oficiales panaderos londinenses quejándose del exceso de trabajo, etc. Y el clamor se hizo tan apremiante, que fue necesario nombrar Comisario real de instrucción a Mr. H. S. Tremenheere, miembro de la Comisión parlamentaría varias veces citada. Su informe,45 con las declaraciones testificales adjuntas, removió no el corazón, sino el estómago del público. El buen inglés, versado en su Biblia, sabia muy bien que el hombre no destinado por la gracia de Dios a ser capitalista o terrateniente usufructuario de una sinecura, había nacido para ganarse el pan con el sudor de su frente; lo que no sabia era que le obligaban a comer todos los días pan amasado con sudor humano, mezclado con supuraciones de pústulas, telas de araña, cucarachas muertas y avena podrida, amén de alumbre, arena y otros ingredientes minerales igualmente agradables. En vista de esto, y sin guardar el menor miramiento a la santidad de la "industria libre", el parlamento (al final de la legislatura de 1863), acordó someter a la vigilancia de inspectores del Estado la rama hasta entonces "libre" de la panadería, y por la misma ley se prohibió para los obreros panaderos de menos de 18 años el trabajo desde las 9 de la noche a las 5 de la mañana. Esta última cláusula vale por unos cuantos volúmenes, por la elocuencia con que revela hasta qué límites llega el exceso de trabajo en esta industria al parecer tan patriarcal. Oscus violant hongria Antes de pasar a los verdaderos obreros agrícolas, vamos a ver, a la luz de un ejemplo, cómo actúan las crisis incluso sobre el sector mejor retribuido de la clase obrera, sobre su aristocracia. Se recordará que el año 1857 trajo consigo una de esas grandes crisis con que se cierra siempre el ciclo industrial. El plazo siguiente venció en 1866. Ya descontada en los verdaderos distritos fabriles por la crisis algodonera, que vino a lanzar a las grandes sedes centrales del mercado de dinero mucho capital, arrojándolo de su órbita habitual de inversión, la crisis cobró esta vez un carácter predominantemente financiero. Su explosión, en mayo de 1866, fue señalada por la bancarrota de un gigantesco banco londinense, que inmediatamente desencadenó la quiebra de innumerables sociedades financieras de especulación. Una de las grandes ramas industriales de Londres afectadas por la catástrofe fue la de la construcción de buques de hierro. Durante la época de las grandes especulaciones, los magnates de esta industria, no sólo habían rebasado desmedidamente los límites de su producción, sino que además habían firmado numerosos contratos de suministro, contando con que las fuentes del crédito iban a seguir manando con la misma abundancia. Y sobrevino la tremenda reacción, que todavía hoy, a fines de marzo de 1867, dura en otras industrias de Londres.72 Para caracterizar la situación de los obreros, reproduciremos el siguiente pasaje, tomado de una extensa información de un corresponsal del Morning Star, que visitó a comienzos de 1867 los centros principales de la miseria. “En el este de Londres, en los distritos de Poplar, Millwall, Greenwich, Deptford, Limehouse y Canning Town viven en la más extrema miseria no menos de 15,000 obreros, con sus familias; de ellos, más de 3,000 son mecánicos diestros. Sus fondos de reserva están agotados por seis y ocho meses sin trabajo... Me costó gran esfuerzo llegar hasta la puerta del asilo (de Poplar), ante la que se agolpaba un tropel de hombres abatidos por el hambre. Iban a pedir bonos de pan, pero todavía no era la hora del reparto. El patio del asilo forma un gran rectángulo, con un tejadillo que corre a lo largo de los muros. Una espesa capa de nieve cubría las baldosas del centro del patio. Cerrados con empalizadas, como rediles, veíanse ciertos espacios reducidos, en que los asilados trabajan cuando hace buen tiempo. El día en que yo visité el asilo, estos rediles estaban tan nevados, que nadie podía permanecer en ellos. No obstante, los asilados no perdían el tiempo: protegidos por los tejadillos, se ocupaban en macadamizar adoquines. Sentados en adoquines de gran tamaño, golpeaban con unos martillos pesados el granito cubierto de hielo, hasta picar 5 bushels de piedra. En esto consistía su faena diaria, por la que cada asilado recibía 3 peniques y un bono para pan. En el otro extremo del patio se alzaba una raquitica barraca de madera. Al abrir la puerta, vimos que estaba abarrotada de hombres, todos apretujados para calentarse. Se ocupaban en deshilachar cuerdas de barco y apostaban a quién era capaz de trabajar más comiendo menos, pues la resistencia era su point d'honneur. (131) Solamente en este asilo se daba socorro a 7,000 hombres, entre los cuales había muchos cientos de obreros que seis u ocho meses antes ganaban, como obreros calificados, los salarios más altos que se pagaban en el país. Y la cifra sería doble de grande, si no hubiese muchos que, después de agotar todas sus reservas de dinero, se resisten a implorar el socorro parroquial, mientros tengan todavía algo que llevar a la casa de empeños... Saliendo del asilo, di una vuelta por las calles, formadas en su mayoría por esas casas de un piso que tanto abundan en Poplar. Mi acompañante era vocal del Comité de ayuda a los parados. En la primera casa en que entramos vivía un cerrajero que llevaba 27 semanas sin trabajar. Le encontramos sentado con toda su familia en un cuarto interior. En la habitación quedaban todavía algunos muebles y en la chimenea ardían unos troncos. Gracias a esto, no se les helaban los pies descalzos a los niños, pues hacía un frío espantoso. En un plato, enfrente del fuego, se veía un pedazo de estopa que la mujer y los niños deshilachaban para ganarse el pan del socorro. El marido trabajaba en uno de los patios que hemos descrito más arriba, por un bono de pan y 3 peniques diarios. Regresaba ahora a su casa para tomar un bocado, a guisa de la comida de mediodía, con mucha hambre, según nos dijo sonriendo amargamente, y su yantar consistía en unas cuantas rebanadas de pan con grasa y una taza de té sin leche... Nos abrió la siguiente puerta a que llamamos una mujer de edad mediana, quien, sin decir palabra, nos llevó a un cuarto interior, donde estaba sentada toda la familia, en silencio, con la vista clavada en un fuego que se extinguía por momentos. Era tal la desolación, la desesperación que flotaba en torno a aquellas pobres gentes y en su cuartucho, que no me gustaría volver a presenciar en mi vida una escena semejante. “No ganan nada, señor –dijo la mujer, apuntando para sus hijos–, llevan veintiséis semanas sin ganar nada, y todo nuestro dinero se lo llevó la trampa, todo aquel dinero que el padre y yo habíamos ido juntando en tiempos mejores, con la ilusión de tener un pedazo de pan que comer si los negocios venían malos. ¡Mire usted!, gritó con una voz casi salvaje, sacando una libreta de la Caja de Ahorros, con todos sus asientos del dinero ingresado y retirado, para que pudiésemos ver cómo sus pequeños ahorros habían comenzado por una primera entrega de cinco chelines, cómo poco a poco habían ido reuniendo hasta 20 libras esterlinas, y cómo después se había desmoronado todo, primero las libras y luego los chelines, hasta llegar al último asiento, con el que aquella libreta quedaba convertida en un pedazo de papel sin valor alguno. El asilo socorría a esa familia con una mísera comida diaria... La visita siguiente fue para la mujer de un irlandés que había trabajado en los astilleros. La encontramos enferma por falta de alimento, tirada, sin desnudarse, encima de un jergón, apenas cubierta con un pedazo de alfombra, pues la ropa de cama había emigrado toda a la casa de empeños. La cuidaban unos niños llenos de miseria, que más bien parecían necesitar ellos los cuidados de la madre. Diecinueve semanas de ociosidad forzosa la habían traído a aquel extremo de penuria, y, mientras nos relataba la historia de su amargo pasado, gemía corno si hubiese perdido ya toda esperanza en un porvenir mejor... Cuando salíamos de aquel cuarto, vimos venir corriendo hacía nosotros a un hombre joven, quien nos suplicó que entrásemos en su casa y viésemos si podíamos hacer algo por él. Una mujer joven, dos niños hermosos, un puñado de papeletas de empeño y una habitación desolada fue todo lo que pudo enseñarnos.” wmailbox.com 190 “La tendencia hacia el sistema fabril” (Child. Empl. Comm. II Rep. 1864, p. 67.) “Toda la industria pasa actualmente por una fase de transición y atraviesa por los mismos cambios porque han atravesado la industria puntillera, la industria textil, etc.”(L. c., n. 405.) “Una revolución radical.– (L. c., p. XLVI, n. 318.) En los tiempos de la Child. Empl. Comm de 1840, la fabricaci6n de medias era todavía un trabajo manual. En 1846 comenzaron a introducirse en esta rama diversas máquinas que actualmente se hallan ya movidas a vapor. La cifra total de personas de ambos sexos y todas las edades, a partir de los 3 años, empleadas en la rama inglesa de fabricación de medias era. en 1862. de unas 120,000 personas. De ellas, sólo se hallaban sujetas a los preceptos de la ley fabril en 1862. según el Parliamentary Return de 11 de febrero, 4.063<br />
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